Que el mundo de la publicidad es fácilmente caldo de cultivo
para el engaño es algo que no se le escapa a nadie. Es cierto que hay una
publicidad abiertamente engañosa, pero no es menos cierto que también hay otra
que lo es encubiertamente. Cando hablamos de publicidad inmediatamente nuestros
pensamientos se dirigen a la de tipo comercial, como si no existiera otra,
cuando en realidad no se circunscribe a esa esfera, pues lo que se vende en el
mundo de la política, de la ideología o de la religión, se ha convertido
también en publicidad y se comercia mediante ella, solamente que lo ofrecido en
lugar de ser un producto físico es un producto intangible, pero producto al fin
y al cabo. Sin embargo, la misma parcialidad, parecidos intereses y semejantes
argucias son las armas dominantes en el mundo de las ideas, al igual que ocurre
en el mundo de las mercancías.
